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Fue una hora de terror


Hace tres días hubo por lo menos 17 víctimas en una Iglesia de Bangui. El padre Gabriele Perobelli, comboniano: «Estoy aquí desde hace 16 años y no tengo ninguna intención de irme». La llamaron «la masacre de Fátima». Tal vez fueron 17 los muertos: «en realidad no sabemos cuántas víctimas hay, ni heridos. Se llevaron a mucha gente, pero todavía no hay información confiable», comentó desconsolado el párroco, Gabriele Perobelli, misionero comboniano. Pero después cambia tono: «Nosotros, como sea, continuaremos, no abandonaremos la parroquia. ¡Yo estoy aquí desde hace 16 años y no tengo ninguna intención de irme!».


1/06/14 11:49 AM | Imprimir | Enviar




(Vatican Insider/InfoCatólica) El miércoles, 28 de mayo, a las tres de la tarde, un grupo de hombres armados atacó la Iglesia dedicada a Nuestra Señora de Fátima, en Bangui.


Es una Iglesia de frontera, a 500 metros de la línea roja que la separa del barrio del mercado, el «PK-5», uno de los más peligrosos de la ciudad. Fue una hora de terror: «Arrojaron dos bombas de mano contra las puertas de la Iglesia, querían entrar. Dispararon contra la gente, a los transeúntes, a los desplazados que albergábamos en nuestro terreno. Por suerte, muchos no estaban en ese momento».


El padre Gabriele estaba en la casa parroquial cuando escuchó los primeros disparos. «Quería salir, pero mis parroquianos me lo impidieron. Nos quedamos todos en la habitación, que estaba llena de gente». Entre las víctimas hay un sacerdote centroafricano, que estaba de paso y había buscado refugio en la parroquia.


La parroquia de Nuestra Señora de Fátima llegó a alojar hasta cuatro mil desplazados, cristianos y musulmanes, que buscaban un sitio seguro, protegido, frente a los constantes desórdenes que desde hace más de un año destrozan la vida en la República Centroafricana. Ahora, tras la masacre de Fátima, solamente hay 20. Los demás están desperdigados en otras Iglesias.


«El jueves pasado, en la Misa de la Ascensión, éramos más los sacerdotes que los fieles», comentó el padre Gabriele. «Las campanas –añadió– suenan regularmente, antes de cada celebración. Pero después de este ataque, los fieles que vienen a misa con nosotros son, a lo mucho, unos quince. Antes eran entre doscientos y trescientos».


Con el padre Gabriele viven otros tres misioneros combonianos: un etíope, un ugandés y un centroafricano. Todos están todavía allí: «Desgraciadamente, la gente está muy enojada, la situación se está complicando cada vez más. Lo único que podemos hacer es rezar para que las cosas cambien», comentó el sacerdote.


Después de la masacre ha habido en Bangui manifestaciones en contra del gobierno y también hubo algunos enfrentamientos, que provocaron por lo menos tres muertos y una decena de heridos. La población protesta porque no se siente protegida ni por el gobierno ni por los militares franceses de la misión Sangaris, ni por los africanos de la Misca.




«Soy cristiana y nunca he cometido apostasía»


La sudanesa cristiana de 27 años condenada a muerte por apostasía será liberada en los próximos días, anunció este sábado un responsable de Relaciones Exteriores. Meriam Yahia Ibrahim Ishag fue condenada a muerte el 15 de mayo por convertirse al cristianismo. La ley islámica vigente en Sudán desde 1983, prohíbe las conversiones. Además fue condenada a cien latigazos por casarse con un cristiano. El matrimonio entre personas de diferente religión es considerado adulterio por la ley sudanesa, y los hijos se les trata como a ilegítimos.


1/06/14 10:26 AM | Imprimir | Enviar




(La Información/InfoCatólica) Esta mujer, doctora de 27 años se encontraba embarazada de ocho meses en el momento en el que se produjo la sentencia que la condenaba por dos delitos. Antes del veredicto, un jefe religioso musulmán intentó convencerla de volver al islam, pero la mujer dijo al juez: «Soy cristiana y nunca he cometido apostasía». «Le dimos tres días para abjurar de su fe pero usted ha insistido en no volver al islam. La condeno a la pena de muerte en la horca», declaró el juez Abas Mohamed al Jalifa.


El pasado martes dio a luz una niña en prisión. Junto a ella, en prisión, vive su otro hijo pequeño desde hace cuatro meses. La familia de la mujer ha defendido que Meriam fue educada en la religión cristiana. En cualquier caso, la decisión de la Justicia sudanesa suscitó una oleada de indignación tanto dentro como fuera de las fronteras de Sudán.


«La mujer será liberada en los próximos días según los procedimientos legales que serán aplicados por el poder judicial y el ministerio de Justicia», declaró Abdala Al Azraq, un subsecretario de la cancillería sudanesa, contactado telefónicamente en Londres por AFP, sin dar más explicaciones, en particular acerca de si las acusaciones serán abandonadas.


Pocas horas antes el primer ministro británico, David Cameron, había hecho un llamado al gobierno sudanés para que anulara la pena de muerte. El 19 de mayo el gobierno británico convocó al encargado de negocios sudanés a raíz de esa condena.


Según Amnistía Internacional, Ishag fue criada en el cristianismo ortodoxo, la religión de su madre, dado que su padre, musulmán, estuvo ausente durante su infancia. Posteriormente, la joven se casó con un cristiano de Sudán del Sur pero según la interpretación sudanesa de la sharia (ley islámica), una musulmana no puede casarse con un no musulmán.


El marido de Meriam tiene además la ciudadanía estadounidense. En numerosas ocasiones ha pedido ayuda a la embajada de su país en Sudán pero no ha recibido respuesta alguna.




Lo que realmente le sucede a nuestros actuales gobernantes es que saben muy poco sobre la persona humana.


Sólo sus amigos íntimos –siempre que no fuesen de la misma línea– nos podrían decir cuánto hay en esa ignorancia de simple carencia y cuanto hay de acomodación a la forma de vida que han venido llevando esas personas; cuánto de ideología y cuánto de malas experiencias personales.


El resultado es, en todo caso, penoso: muchos de los actuales gobernantes y de los parlamentarios que los apoyan, están insertos en una antropología de lamentables consecuencias para el resto de sus conciudadanos (que por cierto, mayoritariamente, se han venido deteriorando también).


¿Quieren oír lo que piensa un gobernante que de verdad sabe lo que importa? Vaclav Havel, admirado durante sus largos años como presidente de Checoeslovaquia y de la República Checa, y venerado en el último multitudinario adiós que le dio su pueblo al enterrarlo, sí sabía para quiénes gobernaba: para personas con trascendencia. Esto afirmaba:



«Un estado moral e intelectual no puede establecerse por medio de una constitución o mediante la ley, ni por medio de instructivos, sino solamente mediante una labor –compleja, de largo aliento y que no termina jamás– que involucra la educación y la autoeducación; lo que se necesita es la consideración responsable y ágil de cada paso político, de cada decisión; un constante énfasis sobre la deliberación moral y el juicio moral; la sostenida autorreflexión y autoanálisis, un repensar sinfín de nuestras prioridades; no es simplemente algo que podamos declarar o enunciar; es una manera de llevar adelante las cosas, y exige la valentía de infundir aliento moral y motivación espiritual en todo, de buscar la dimensión humana de todas las cosas; la ciencia, la tecnología, la pericia y el llamado profesionalismo, no bastan; algo más es necesario; para hablar en términos simples, lo que se necesita podría llamarse espíritu… o sentimiento… o conciencia.»



No hay un párrafo de los citados que pueda aplicarse ni a la reforma educacional, ni a la política abortista, ni al modo de tratar la seguridad ciudadana, ni a la concepción de las relaciones entre el Estado y la confesiones religiosas, ni siquiera a variados aspectos de la reforma tributaria. Y tampoco al eventual contenido de una nueva Constitución en los aspectos doctrinarios fundamentales.


Déficit de humanidad: de eso estamos hablando.


Gonzalo Rójas Sánchez


Publicado originalmente en Viva Chile




El Diccionario de la Lengua Española le consagra a la palabra «cuenta» una página y media, en letra chica. Dependiendo del adjetivo, sustantivo o adverbio que se le anexe puede significar un cálculo aritmético, un depósito bancario, la atención prestada a un argumento, el anticipo de una futura liquidación, el actuar en nombre de otro, la súbita iluminación de lo antes no comprendido, una amenaza o acción de venganza, consumir, malgastar o destruir algo hasta acabarlo, recapacitar, enviar la factura a un deudor, reclamar recompensa o reciprocidad cuando se aparentó servir con desinterés, olvidar la precisión de algo por su antigüedad o abundancia, ser útil o conveniente por su precio, recordar un gran favor o una molestia especial.


01/06/14 3:58 PM | Imprimir | Enviar




Tal vez quienes redactaron nuestra Constitución no tuvieron «en cuenta» esta exuberancia semántica cuando impusieron al Presidente de la República la obligación, cada 21 de mayo, de «dar cuenta al país del estado administrativo y político de la Nación, ante el Congreso Pleno». De allí que no sea fácil reprochar, al titular de esta obligación, el darle el significado que le salga «más a cuenta». Sólo cabe exigirle que se ajuste al sentido primero y obvio de la palabra «estado»: situación en que se encuentra alguien o algo. Mandantes, contralores, inspectores, contadores; emprendedores «por cuenta propia» para generar empleo y riqueza y que tal vez por eso no fueron «tomados en cuenta» una sola vez en el léxico presidencial dan por sentado que sus mandatarios, fiscalizados, contribuyentes, acreedores o clientes les reportarán datos objetivos, rigurosamente documentados y verificables: no estados de ánimo ni promesas expresivas de piadosos deseos. Se trata, conviene repetirlo, del estado «de la Nación», cuyo gobierno y administración, orden interior y seguridad exterior han sido confiados al «Jefe del Estado». Tales parámetros excluyen, en la cuenta del 21 de mayo, la autorreferencia, la autorrecomendación y la autoexaltación.


Cuando el titular de facultades tan incisivas y con frecuencia invasivas del tejido social y del patrimonio personal apela, en su cuenta, al argumento de «ustedes me conocen», y pretende respaldarlo con un categórico autoelogio («yo siempre impulso políticas a favor de la gente»), el sentido del solemne acto republicano queda distorsionado y se abre la puerta a una autoconcesión de crédito que nadie admitiría en el mundo del emprendimiento real. Ni siquiera Jesucristo condicionó la adhesión de los suyos a un creerle a ciegas: «si no me creen a mí, crean al menos en las obras que yo hago, ellas dan testimonio de mí». Podía decirlo, porque todas sus obras fueron a favor de la gente. Sólo Él puede decirlo. Y sólo Él prometer con absoluto poder y certeza de cumplir.


La cuenta del 21 de mayo incluyó una promesa: autorizar la violación del primer derecho constitucional. Nos opondremos pacíficamente: con las «cuentas» del Rosario.


Este artículo fue publicado originalmente por Revista Humanitas




(Portaluz/InfoCatólica) Hoy, cuando en occidente muchos intentan que la fe sea una cuestión relegada al ámbito de lo privado e incluso no pocos fieles consideran poco estratégico mostrar en determinadas circunstancias la propia identidad religiosa, monseñor Bacarreza no esconde la verdad. La proclama, desafiando sin rodeos a creyentes y emplazando al gobierno de Michelle Bachelet.


Su mensaje afirma la esperanza de que en nuestro tiempo brille con fuerza la Luz de Cristo.


El último censo indica que entre católicos y evangélicos en Chile suman más de doce millones de personas. La presidenta Bachelet obtuvo la presidencia con poco más de tres millones de votos. ¿Qué medidas ejercerá la iglesia para que la presidenta Bachelet efectivamente escuche la voz de esa mayoría cristiana respecto de temas que afectan los valores del evangelio?


La Iglesia está llamada a predicar y anunciar la Verdad, como lo está haciendo. Pero quienes tienen que decidir sobre los valores que nos regirán son los ciudadanos, que en su gran mayoría son cristianos. Bajo esta denominación se incluye a todos los católicos y también a todos nuestros hermanos evangélicos. Son ellos quienes tienen que manifestarse de manera coherente con su fe. Es lo que espera la Iglesia. La Iglesia no tiene medios coercitivos.


¿Los obispos tienen pensado convocar oficialmente a los fieles para alguna actividad u otra manifestación pública concreta en torno a la defensa de la vida y la familia?


En el momento oportuno la Iglesia ciertamente tomará alguna acción que permita a los católicos manifestar públicamente su convicción respecto a los valores. En este momento tiene que pronunciarse sobre el carácter inviolable de la vida humana, desde la concepción de un nuevo ser humano hasta su muerte natural.


¿Proyectos de ley como el aborto o la legalización de las uniones de personas del mismo sexo importan un daño espiritual? ¿Se ofende a Dios con ellos?


Ciertamente. Profesamos que es Dios quien creó el mundo de una cierta manera. Dios creó al ser humano hombre y mujer, para que uniéndose en el amor, colaboren en la transmisión de la vida. La vida humana es creación exclusiva de Dios, pero el ser humano está llamado a colaborar en ese milagro que es la generación de nuevas vidas humanas. Cuando el hombre, prescindiendo del plan de Dios, pretende decidir qué sexo, cuál vida sí y cuál vida no, eso obviamente es ir contra la voluntad de Dios. Todos los que rezan el Padre Nuestro diciendo «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» deberían tratar de ser coherentes con esa petición que dirigen a Dios y ellos mismos esforzarse por cumplir la voluntad de Dios en la tierra. El alto porcentaje de cristianos que hay en Chile dicen, tal vez diariamente, «Hágase tu voluntad». Pero después actúan -también algunos que ocupan cargos de gobierno, que son cristianos-, contra la voluntad de Dios. Incoherencia que la Iglesia denuncia como lo hicieron todos los profetas desde el Antiguo Testamento. ¡Llamamos al pueblo fiel a la coherencia!


¿Cómo interpreta que el gobierno invite a dialogar pero al mismo tiempo afirme que después igual presentará o apoyará un proyecto de ley que despenaliza el aborto?


Lo interpreto como un engaño. En buen chileno se dice ‘una tomadura de pelo’. Invitar a dialogar sobre algo que ya está decidido es lo mismo que cerrarse al diálogo. Eso no es diálogo, es una imposición. Es como decir: «Digas lo que digas, nada cambiará».


¿Ha sido informada la iglesia sobre el objeto de este entre comillas «diálogo» que el gobierno propone?


Yo no tengo información sobre eso. A mí me consta que el presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor Ezzati, se ha manifestado muy contrario a esa iniciativa de abrir una puerta a la posibilidad de eliminar una vida humana, cualquiera que sea. Porque la vida humana es creación de Dios y sólo Él puede decretar su fin. En la Escritura, en el Deuteronomio Dios dice claramente «Yo doy la muerte, yo doy la vida» (Deut 32,39). Y en realidad eso se interpreta como: «Yo doy la muerte, porque yo soy quien da la vida». Es Dios quien habla. Una ley de aborto niega a Dios como creador y afirma que la vida humana puede ser eliminada porque es una creación humana. Y con ese mismo criterio que se defiende el aborto un padre o una madre podría decir en cualquier etapa de la vida de sus hijos, este hijo es creatura mía y puedo disponer de su vida. ¡Pero no es creatura de él, es creatura de Dios y por eso no puede disponer de su vida en ninguna etapa! Pero en nuestra sociedad se intenta negar a Dios y ahí reside la base de todos los males. Se ha difundido el error, la mentira, al punto que parece casi de buen gusto ser ateo, agnóstico o defensor de la ideología de género.


Habla de que estas leyes niegan la verdad revelada…


Nosotros creemos que el bienestar para el ser humano está en Cristo, en Dios. De eso estamos convencidos y por eso lo anunciamos. Hemos consagrado la vida a esto. Es nuestra convicción lo que Jesucristo nos dijo… Que él nos ha revelado la verdad para que tengamos el gozo suyo, pleno. Entonces la alegría del ser humano, el bienestar, consiste en conocer a Jesucristo y cumplir la voluntad de Dios.


En su discurso del 21 de mayo la presidenta Bachelet ha dicho que: «Cuando se produce un aborto es porque la sociedad está llegando tarde» y luego comentó que el aborto es un «drama social». Posteriormente el ministro Elizalde la ha parafraseado con el mismo concepto. Pero frente a este drama social que la presidenta menciona, propone el aborto como solución. ¿Qué responde la Iglesia?


Su teoría busca evitar todo embarazo, recurriendo a métodos anticonceptivos artificiales que hagan infecunda la relación sexual, incluyendo la píldora del día después que en algunos casos es también abortiva. Se parte de la base que las relaciones sexuales entre jóvenes, y también entre adultos, dentro y fuera del matrimonio, son inevitables. Lo que hay que evitar son sus efectos. De esta manera se banaliza la relación sexual y se la reduce a elegir el medio para evitar un embarazo. El Gobierno toma nota de la promiscuidad sexual y la considera inevitable, porque considera a los seres humanos incapaces de controlar sus impulsos. Es una teoría errada, porque la relación sexual entre un hombre y una mujer, para que sea verdaderamente humana, debe ser una expresión de amor. Y el amor, por esencia, busca el bien del otro. El amor se opone al egoísmo, que busca al otro como objeto de mi propio placer. No puede haber amor verdadero donde se rechaza la vida, donde se pone un obstáculo a la vida, mucho menos aun donde se está dispuesto a eliminar la vida. La educación sexual que enseña sólo a evitar el embarazo -con todo respeto- considera a los seres humanos como animalitos que es inevitable que se apareen. Se trata entonces de que lo hagan sin consecuencias. Tratar así al ser humano es un error. De todas maneras, según las palabras de la Presidenta, se llega tarde y los embarazos se producen. Entonces, -es lo que parece insinuar- el último recurso es el aborto. Pero el aborto es la muerte de un ser humano inocente que tiene derecho a la vida. Considerarlo como aceptable es atropellar el derecho a la vida de otro y consolidar la muerte en nuestra sociedad. Lo que se debería tratar es de consolidar en la sociedad una moral más alta, de manera que la relación sexual entre un hombre y una mujer sea realmente la expresión de un amor fiel, único, indisoluble y abierto a la vida y en que la vida concebida se acoja con amor en el seno de una familia.


Se habla de que es aborto, pero terapéutico...


Se insiste en usar la expresión falsa de «aborto terapéutico», para confundir. Un aborto es la eliminación de un ser humano inocente e indefenso, cuando aún está en el vientre materno. Esta es una acción de muerte. En ninguna forma es una acción terapéutica. En esa acción no se quiere sanar a nadie –que sería terapéutico− sino sólo matar a alguien, que es lo contrario de lo terapéutico. El médico, que es fiel a su misión de salvar la vida enferma, cuando se enfrenta a un caso de enfermedad de la madre o del hijo durante el embarazo, debe considerar que tiene delante dos pacientes, no sólo uno, y que su misión es salvar a ambos. Hoy día la medicina en la mayoría de los casos lo logra. En todo caso, si haciendo todo lo posible por salvar a ambos, muere el niño, eso no es un aborto; eso es el efecto no deseado, desgraciado, del intento de salvar a la madre y al niño.


Además de las morales y religiosas, de una antropología que mira al hombre como creatura según lo ha señalado ¿Qué otras razones tiene la iglesia para oponerse al aborto, al matrimonio o legalizar la unión civil de personas del mismo sexo, a la adopción permitida a parejas del mismo sexo?


Respecto del aborto...


Desde el punto de vista natural, toda persona pasa por la etapa de concepción, implantación en el útero materno, desarrollo y nacimiento. De manera que hay una incoherencia muy grande en quien defiende el derecho que–según se dice- tiene la mujer a decidir sobre su cuerpo y cometer así aborto. Se dice que el Estado no tiene injerencia en la libertad que tiene la mujer de disponer de su cuerpo. Nadie quiere poner ese límite al derecho a esa libertad de la mujer. Pero todo derecho personal tiene límite; ese límite es el respeto al derecho del otro. En el caso que nos ocupa el derecho de la mujer tiene el límite de respetar el derecho a la vida que tiene el hijo de sus entrañas. El derecho a la vida que tiene ese niño no se lo da la madre ni el Estado; lo tiene él como propio por el hecho de haber sido creado y ser persona.


Si las madres de la presidenta Bachelet o de parlamentarias jóvenes como Camila Vallejo o Karol Cariola, que también apoyan plenamente el aborto, hubieran pensado como ellas, quizás no estarían en la escena pues las podrían haber abortado. Ellas pasaron por todas las etapas desde la concepción y llegaron a su desarrollo porque sus padres fueron generosos y las llevaron adelante. Con la teoría que defienden quizás no habrían nacido nunca. ¡Qué incoherencia!...hoy hablan a favor del aborto cuando gracias a que sus padres no estuvieron a favor del aborto, ellas están hoy día vivas y opinando. Nunca se puede establecer que en alguna de las etapas de la vida humana se pueda eliminar a alguien, aunque sea muy luego después de la concepción, pues podría estar decretando mi propia muerte.


Si da lo mismo -según nos dicen- eliminar un ser humano en su etapa inicial, entonces da lo mismo que ese ser humano exista. Y si da lo mismo, tal vez el día de mañana se dirá que da lo mismo matar a una persona… al fin si la hubiesen eliminado en la etapa inicial igual no habría existido. Se van creando estas incoherencias.


Estoy convencido de que afecta mucho a la juventud saber o suponer que en la etapa en que ellos dependían completamente de otra persona, que es su propia madre, ellas pudieren haber contemplado la posibilidad de haberlos abortado. Esa certeza -cuando la madre se declara favorable al aborto- o duda puede crear entre el hijo y la madre una situación muy complicada de desconfianza, de inseguridad y de amargura. Que la persona llamada a amarlo más, protegerlo más, que lo tiene completamente en su mano… pudiere haberse planteado eliminarlo, crea grave daño y desconfianza. ¿Qué pasará por la mente de un niño de cinco o seis años, cuando empiece a comprender que su madre, en cuyo amor confiaba, en realidad reivindica su derecho a haberlo eliminado, si ella durante el embarazo hubiera tenido alguna dificultad o si él hubiera tenido alguna malformación? ¿El estado, los legisladores nos ofrecen esto como bien común?


El aborto, el sólo hecho que se lo difunda, daña a la sociedad, genera en muchos desconfianza, frustración. Lo hemos visto en países como España que incluso están dando marcha atrás. Al respecto si ya se sabe que se daña el bien común y a las personas individuales… ¿Para qué ir adelante con una ley como ésta?


Respecto de unión civil o matrimonio para personas del mismo sexo...


El sólo uso de tal término encierra una absoluta incoherencia. La palabra «matrimonio» está compuesta por las palabras latinas «mater, matris» y «munus»: deber de ser madre, matriz de vida. ¡Para merecer el nombre de «matrimonio» una unión entre dos personas tiene que ser matriz de vida! Y esto es posible solamente en la unión entre hombre y mujer. Además, el término «matrimonio» en su acepción común significa la unión entre un hombre y una mujer «hasta que la muerte los separe». Hoy día existe la realidad del matrimonio solamente en el ámbito de la Iglesia Católica. En todo otro ámbito, sobre todo, en el ámbito civil, lo que existe son diversos acuerdos de vida en pareja, con más o menos condiciones. Cuando esa «pareja» son personas del mismo sexo, entonces se produce una situación contraria a la naturaleza como fue creada por Dios. Repetimos: «Hombre y mujer los creo y les dijo: Sean fecundos y multiplíquense...» (Gen 1,27.28). Las relaciones homosexuales son contrarias a la naturaleza humana, tal como Dios la creó. Por eso son intrínsecamente malas, perversas. La persona con inclinación homosexual merece todo el respeto que merece toda persona humana.


La adopción de un niño por parte de parejas homosexuales…


Sucede que sobre el futuro del niño se dispone sin consultarle nada a ese niño. Dado que al niño no se puede consultar, porque carece de discernimiento, hay que atenerse a la naturaleza y la naturaleza es que ese niño fue concebido con el concurso de un hombre y una mujer, tiene padre y madre. En el caso que sea necesario, hay que entregarlo en adopción a un hombre y una mujer unidos en matrimonio. Esto es lo natural. En Chile hay millones de niños y se pasa por encima de ellos, cuando nuestra legislación tiene en cuenta sólo el derecho del adulto. ¿Para complacer a esta pareja de homosexuales entreguémosles un niño? Bueno, ese niño crecería sin la experiencia de un hombre y una mujer, de un padre y una madre. ¿Quién lo va a resarcir del daño que pueda recibir por esa carencia? Además, parece obvio que si una pareja homosexual de varones adopta un niño, todas sus expresiones afectivas estarán afectadas por su inclinación homosexual, no podría ser de otra manera, corresponde con lo que son…. ¡Y sin consultarle nada a ese niño! Por eso creo que habría en eso un abuso muy grande. Se estaría disponiendo de la libertad y del futuro de un niño de manera anti natural y además sin procurar el bien superior del niño. En realidad, tal normativa legal sólo buscaría satisfacer el egoísmo de los adultos, el complacer a una pareja de adultos a quienes se entrega un niño como si fuera un juguete. Eso no puede ser; es de sentido común.


Ahora si me preguntan sobre el punto de vista de la fe, por cierto estaré también en contra basado en la voluntad que Dios ha establecido para su creación.


A pesar de que el pueblo cristiano es una realidad, mayoría en el país ¿Qué opina de un poder ejecutivo que señala a la opinión de la iglesia y la de obispos evangélicos sólo como una más?


La fe nos dice cuál es la verdad, nuestro origen, para qué existe el ser humano, cuál es su destino eterno. Y este es un don que debemos agradecer. Pero nosotros, conociendo esa verdad donada, argüimos también para la razón humana.


Se supone que en Chile hay un gran porcentaje, más del ochenta por ciento de chilenos que profesan tener fe cristiana. Pero también es cierto que hay una gran incoherencia. Porque si ese ochenta por ciento fueran coherentes en su vida con su fe, este tipo de temas ni siquiera se plantearían en ningún escenario público, no se le ocurriría a nadie mencionarlo. Ocurre porque hay incoherencia en los mismos cristianos.


¿Hacen falta liderazgos proféticos?


Al final la verdad se va a imponer. Ya ha ocurrido y la historia tiene muchas vueltas. La Iglesia ha pasado por muchas vicisitudes y siempre Dios la ha sacado adelante. De eso yo confío absolutamente. Confío en la palabra de Jesucristo cuando señala que el mundo, que es cambiante, que rechaza a Cristo, al final es vencido. Jesús nos asegura: «¡Ánimo, yo he vencido al mundo!». De esto estoy convencido. Ahora, que tendremos que pasar por un período complicado, de confusión, también es verdad.


¿La noche oscura una oportunidad donde brille con más fuerza la Luz de Cristo?


Exactamente. Creo que estos temas están haciendo que los mismos cristianos se interroguen sobre si cada uno está actuando conforme a lo que profesa. Confío en que más gente se fortalezca y recupere su vida cristiana.




Destacaría la relevancia del Concilio de Nicea


Respondiendo a diversas informaciones de los medios sobre un posible encuentro ecuménico acordado entre el Papa Francisco y el Patriarca ortodoxo Bartolomé I a realizarse en Nicea en el año 2025, el portavoz del Vaticano, P. Federico Lombardi, dijo que una reunión de ese tipo sería algo positivo. En declaraciones a CNA el P. Lombardi afirmó que un encuentro entre ambos líderes «es una buena propuesta de Bartolomé, así como lo ha sido su propuesta para el encuentro con el que recordaron el 50 aniversario de la reunión entre Pablo VI y el Patriarca Atenágoras».


1/06/14 9:35 AM | Imprimir | Enviar




(ACI/InfoCatólica) El portavoz del Vaticano explicó que no hay detalles por el momento, pero que si el Patriarca señala que él y el Santo Padre han hablado del mismo, «entonces eso es algo sobre lo que solo ellos han conversado hasta ahora». «Yo deseo buenas cosas para el ecumenismo», agregó el sacerdote jesuita.


Un encuentro de este tipo sería de gran importancia porque destacaría la relevancia del Concilio de Nicea en el año 325 D.C., el último aceptado por la Iglesia en Oriente y la Iglesia en Occidente y en el que se sentaron las bases del Credo de los Apóstoles.


Las informaciones sobre este posible encuentro ecuménico entre católicos y ortodoxos se difundieron luego de que el Papa Francisco y el Patriarca Bartolomé se encontrarán en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén en su reciente visita a Tierra Santa, realizada del 24 al 26 de mayo.



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