El obispo Xu dijo que la consagración de la nueva iglesia en el mes de María tiene un significado especial: «Pedimos a Dios que bendiga a la iglesia y nos da la gracia a través de la intercesión de María»
El 2 de mayo se consagró en Xiaohengtang, diócesis de Suzhou, la iglesia católica más alta de China, bajo la advocación de Nuestra Señora Auxilio de los Cristianos. La torre principal tiene 75 metros (algo más de un bloque de 25 pisos de altura, alta sí que es).
Bonita, no mucho, al menos para mi gusto. La planta tiene forma de barco, probablemente por influencia de las leyes chinas que exigen «sinicización» en las formas. En la concelebración estuvieron 2 obispos y 50 sacerdotes de diferentes diócesis.
El templo rebosaba, 6.000 personas, muchos coreanos, en un espacio pensado para 2.000. Como le relató un asistente a ucanews, sólo estaba despejado un pasillito. El retablo es un cuadro que representa el «Banquete celestial», con los Doce Apóstoles a un lado y al otro, otras doce personas: seis misioneros y seis mártires chinos. Un detalle precioso, tan alejado de tonterías indigenistas que resulta entrañable por la universalidad que refleja, por lo católico que es.
Al margen de la anécdota me ha parecido un testimonio de fe acomplejante. No tanto por las magnitudes, cuando pienso en China intento cerrar los ojos y mirar de lejos para reducir a mi escala. En la diócesis de Suzhou hay 65.000 católicos (en Finlandia 13.942, por comparar), pero suponen un porcentaje infinitesimal (el 0,00086%).
Impresiona la proclamación pública de fe aunque haya una campaña gubernamental de destrucción de iglesias, de derrumbe de cruces, de persecución de los cristianos. María Arratíbel contaba hace bien poco la noticia de la muerte del disidente católico chino Harry Wu en arresto por las autoridades comunistas durante 19 años.
Estoy seguro que cuando nosotros acudimos a Nuestra Madre como «Auxilio de los Cristianos», no queremos decir «exactamente» lo mismo que ellos. Cuando se tiene fe se quiere compartir ese tesoro, todo lo demás es lo de menos. De otro modo no se entiende que, en esas circunstancias, el obispo no sólo esperara que la Madre de Dios protegiese a los católicos en China, también, literal, «que ayude a que más personas se acercasen a la Iglesia». No que fuesen buenos, que se quedasen donde estaban «siguiendo a su dios o dioses o a nada». No, no, le pide a la Virgen, la “mujer” tan minusvalorada en la cultura del páis, que interceda para que se acerquen a algo tan poco «popular» como a Cristo, a que sean perseguidos como Él… y ciento por uno en la Tierra y luego la vida eterna.
Esta tarde cuando en las letanías llegue el Auxilium christianorum, inevitablemente me vendrá todo este testimonio a la cabeza, y procuraré, con mucha caradura, que en el Ora pro nobis, el nobis sea el de nuestros hermanos en China.

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