Fallece Abelardo de Armas, cofundador del Instituto Secular Cruzados de Santa María

(Cruzados de Santa María/InfoCatólica) El pasado viernes, 22 de noviembre, falleció el cofundador del Instituto Secular Cruzados de Santa María Abelardo de Armas, a los 89 años, tras una insuficiencia pulmonar.

Este jueves 28 de noviembre, a las 19.00 horas, la parroquia de San Pablo de Getafe acogerá una Misa funeral, presidida por el obispo de Getafe, monseñor Ginés García Beltán. Y un día después, viernes 29 de noviembre, a las 19.00 horas, la catedral de Santa María la Real de la Almudena, acogerá otra Misa funeral, presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro.

Biografía

Abelardo de Armas nació en Madrid en 1930. Su padre, cubano, falleció dejando viuda y cuatro hijos cuando Abelardo tenía siete años. Las dificultades de la posguerra le obligaron a enfrentarse con la vida en plena adolescencia, lo que le hizo madurar prematuramente.

A los 21 años, invitado por un compañero de trabajo, hizo unos ejercicios espirituales organizados por el Hogar del Empleado y dirigidos por el venerable padre Tomás Morales, SJ, y su vida experimentó una conversión.

Bien aconsejado y sin dejar su trabajo, se volcó en el servicio a los demás: campamentos de formación juvenil, conferencias a jóvenes trabajadores, clases de orientación profesional y moral a los botones y auxiliares de entidades bancarias, más de doscientas tandas de ejercicios espirituales internos para jóvenes y adultos...

Decidió consagrar su vida totalmente a Dios dentro del mundo, con la creación del Instituto Secular Cruzados de Santa María, del que fue cofundador (con el venerable P. Tomás Morales, SJ) y primer director general durante casi 40 años.

Considerado «un líder natural», con «sentido del humor», «una prodigiosa voz para el canto» y «grandes dotes de orador» –como demostró en las Vigilias de la Inmaculada–, fundamentó su espiritualidad en una gracia recibida en 1981 en Duruelo, enclave del primer convento de los carmelitas reformados: «Veo mis manos totalmente vacías... nada de lo bueno que hago es mío... la gracia mayor ha sido quedar inasequible al desaliento... quiero que mi única virtud sea la confianza que nade de la virtud de Él». Esa gracia (las manos vacías, subir bajando) se irá cimentando y complementando con las lecturas en profundidad de las obras de S. Juan de Ávila y de Sta. Teresa del Niño Jesús, con la Eucaristía y la devoción a la Virgen María, con la oración.

La muerte del P. Morales en 1994, quien fue en todo momento su director espiritual así como su confidente y baluarte, supuso un duro golpe en la psicología de Abelardo. En 1997 presenta su dimisión como Director de los cruzados por motivos de salud, y desde entonces percibe de forma creciente su pérdida de memoria, ese rasgo en el que siempre ha sobresalido. Es consciente de que en su vida se están operando cambios importantes, y acepta sus limitaciones. Hace vida su mística de las miserias y su espiritualidad de las manos vacías.

Como recuerda el propio instituto en una nota, pidió para sí y para la institución «la gracia de la infancia espiritual, el vivir y morir pobre y sin méritos», y parece que se le concedió lo que pedía porque, en sus últimos años, el alzheimer le fue reduciendo a la dependencia total como al más pequeño de los niños. D.E.P. 

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