Sobre la enseñanza democrática


Con motivo del inicio del Curso supongo volveremos a oír el griterío laicista, expresado en manifestaciones a favor de la Escuela Pública y en contra de la Concertada. Reivindican, uso sus palabras, la escuela pública, así como la enseñanza única, laica, democrática, gratuita y universal. Notemos la ausencia de la palabra libre. Como profesor jubilado de la enseñanza pública, pienso que ésta se defiende no oponiéndose a los conciertos educativos, sino procurando ser mejores profesores para que los grandes beneficiados sean quienes deben ser: los alumnos. Además la Escuela Concertada ahorra muchos millones de euros al Estado y suprimirla significa o un incremento bárbaro del presupuesto de Educación (¿de dónde saldría el dinero?), o una reducción del sueldo de los profesores de la Pública.


Por supuesto que soy un defensor de la enseñanza democrática pues valoro positivamente la democracia. Pero la democracia no es una palabra vacía de significado, sino que para ser demócrata es necesario aceptar los derechos humanos, que encontramos recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, del 10 de Diciembre de 1948. Por tanto la pregunta es ¿qué dicen sobre educación los derechos humanos? La respuesta es clara y sencilla. El artículo 26 de la Declaración dice así:



  • 1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.

  • 2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos ya las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos y religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

  • 3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos».


Por si acaso tengamos en cuenta que el artículo 10.2 de nuestra Constitución dice: «Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos» y en su artículo 27 acepta y desarrolla estos derechos. En el nº 1 admite la libertad de enseñanza, en el 2º que el objeto de la educación es «el pleno desarrollo de la personalidad humana», en el 3º el derecho de los padres a que «sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones», en el 4º «la enseñanza básica es obligatoria y gratuita», en el 6º «la libertad de creación de centros docentes, dentro del respeto a los principios constitucionales» y en el 9º «los poderes públicos ayudarán a los centros docentes que reúnan los requisitos que la ley establezca».


Y ahora una pregunta: ¿teniendo en cuenta lo que dicen la Constitución y la Declaración, lea parece compatible con la democracia defender que la enseñanza debe ser única, laica y pública? Creo que esta postura se opone frontalmente tanto a la Constitución como a la Declaración de Derechos Humanos, y es en consecuencia una actitud claramente antidemocrática, porque no respeta en sus adjetivos única, laica y pública, ni los derechos de los padres, ni el derecho a crear libremente centros docentes, ni la ayuda que la Constitución garantiza a estos centros. Oponerse a la Declaración de Derechos Humanos y a la Constitución es una curiosa manera de ser demócrata. Además es una estupidez, porque nada estimula más a la enseñanza pública que una buena enseñanza privada o concertada, y al revés, con lo que los grandes beneficiados son los alumnos, como debe ser.


Muchos padres me han pedido consejo sobre donde mandar a sus hijos: si a centros públicos o a centros concertados o privados. Siempre he empezado por hacer una pregunta: ¿hay problema económico?, porque en ese caso no hay libertad de elección y hay que mandarlo donde es más barato. Pero si no hay problema económico mi respuesta es muy clara, siempre naturalmente que el centro no tenga muy mala reputación, aunque mi experiencia es que más que hablar de Centros buenos o malos, hay que hablar de cursos o clases buenos y malos. En cualquier clase hay tres tipos de alumnos: los buenos, los medianos y los malos. Si logran dominar los buenos, tiran de los medianos para arriba, pero si son los malos, arrastran a unos cuentos de sus compañeros. Un buen curso ayuda enormemente al chico, mientras uno malo lo puede hundir fácilmente. Pero eso es muy difícil saberlo hasta pasadas unas cuantas clases. Por ello me inclino que sea el propio adolescente quien decida, pero teniendo muy claro que la decisión y por tanto la responsabilidad de ella es suya. Puede ser la primera decisión importante de su vida.


P. Pedro Trevijano, sacerdote



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