El cardenal Blázquez inaugura la CVII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española

Publicada recientemente tras los dos sínodos sobre la familia, se acoge con especial agradecimiento y va a ser una verdadera guía en una de las tareas más necesaria de nuestro servicio ministerial como es la adecuada atención y fortalecimiento de la pastoral familiar. La alegría del Evangelio tiene su versión en el matrimonio cristiano. La visión que transmite la exhortación apostólica es realista con finura por la cercanía cordial a las personas en sus situaciones concretas, y también gozosa por el amor de Dios.

El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero; porque la caridad verdadera siempre es inmerecida, incondicional y gratuita. Esto es válido para todos nosotros y también para los divorciados vueltos a casar. Por este dinamismo de la misericordia que tiende a integrar se comprende que nadie, aunque se halle en situación «irregular» por la unión matrimonial debe considerarse excomulgado, al margen de la Iglesia y abandonado por Dios.

En la exhortación apostólica es primordial el discernimiento cristiano. Supone la aceptación de la doctrina de la Iglesia y el respeto de las normas canónicas, pero debe buscar la voluntad de Dios en una situación concreta de una persona singular. Al mismo tiempo que no se puede separar de la exigencia de la verdad y del Evangelio, la conciencia personal no puede ser sustituida, es como un santuario que nadie puede invadir. Acompañamiento de otros cristianos adultos, comunión leal en la Iglesia, obediencia fiel a Dios y escucha atenta de la conciencia convergen en el discernimiento. La conciencia de las personas debe ser mejor incorporada en la praxis de la Iglesia en algunas situaciones que no realizan objetivamente nuestra concepción de matrimonio.

El documento es en su conjunto hermoso, fácil de leer y rico en su contenido que permite siempre nuevas profundizaciones. Sus capítulos pueden ser leídos separadamente aunque constituyen un todo hermoso. Amoris laetitia es, por tanto, un buen y un bello servicio a la Iglesia, que tendrá una repercusión muy positiva en la humanidad y pone al descubierto con valentía confusiones en la concepción del matrimonio y de la familia, que a veces han pasado a la legislación civil.

50 aniversario de la Conferencia Episcopal Española

Este año de Jubileo eclesial de la Misericordia, la Conferencia celebra también otro jubileo particular: el 50 aniversario de su creación. La Conferencia Episcopal Española realizó su reunión constitutiva entre los días 26 de febrero y el 4 de marzo de 1966. Se sustituyó así a la Junta de Metropolitanos que venía reuniéndose desde 1921. Las conferencias surgieron del Concilio, que influyó mucho en la Iglesia en España. La recepción y actuación del Concilio no fue fácil ni pacífica. Hubo desasosiego, polémicas, resistencias e impaciencias y fue tarea fácil mantener el equilibrio en aquella agitación. La confesionalidad del Estado no era compatible con las relaciones previstas por el Concilio de mutua independencia y sana colaboración.

En estos cincuenta años cabe una mirada al pasado con agradecimiento, el reconocimiento de los errores cometidos y una mirada confiada hacia el futuro. Agradecimiento por el trabajo realizado en estos años, visible en tantos documentos, que han surgido para atender a las necesidades y conveniencias pastorales del momento. Petición de perdón puesto que, seguramente, no siempre habrá acertado siempre en su discernimiento y orientación. Reconocemos nuestros fallos y nos remitimos al Dios de la Misericordia, precisamente en este Año Jubilar, solicitando la comprensión de todos. De cara al futuro, necesitamos ejercitar la confianza y la esperanza en Dios ante nuestra fragilidad y la magnitud de los problemas.

Tres acciones para este aniversario: Un mensaje dirigido al Pueblo de Dios, que someteremos a aprobación en la presente Asamblea; el Congreso organizado por la Universidad Pontificia de Salamanca sobre la figura de las conferencias episcopales; y la publicación en cinco volúmenes, editados por la BAC, de todos los documentos elaborados y hechos públicos durante estos cinco decenios.

En la encrucijada política

Hace ya más de tres meses de la convocatoria a las urnas y los ciudadanos estamos sumidos en la incertidumbre. Con las hipótesis diversas y de hondo calado, nos hallamos como en una encrucijada. Pedimos a los responsables de la gestión de los resultados electorales que prevalezca claramente el bien común sobre los intereses particulares. En este punto conviene recordar algunas realidades que permiten mirar al futuro con estabilidad y confianza:

– La Constitución española regula básicamente nuestra convivencia señalando los valores fundamentales y las instituciones básicas. Surgió del diálogo y del consenso y fue ratificada libremente por la sociedad. Sin esta casa común quedaríamos a la intemperie.

– Nuestro marco más amplio como pueblo es Europa. Una Europa que no puede olvidar las raíces que le hicieron grande ni se puede limitar en su misión a los aspectos económicos, técnicos y de bienestar. Cerrar las fronteras para defender nuestro nivel económico es signo de miedo y de debilidad vital, así como levantar muros que impiden atender a los refugiados. Es preciso una mayor solidaridad europea, signo de nuestra verdadera tradición y raíces humanistas y cristianas.

– Los derechos humanos tienen su fundamento en la dignidad de la persona. El respeto mutuo, la libertad, la defensa de todo ser humano se asienta en la persona con su dignidad inviolable e innata. El carácter sagrado de la persona, de cualquier condición social, raza, sexo, origen, religión, es idéntico. La discriminación es una ofensa a la persona, que lleva en su rostro el resplandor de Dios.

 La libertad religiosa. Como señaló el concilio Vaticano II, «la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres deben estar inmunes de coacción, tanto por parte de personas particulares como de los grupos sociales y de cualquier poder humano, de modo que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a actuar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella, pública y privadamente, solo o asociado con otros, dentro de los debidos límites». Si se oscurece en la humanidad la luz de Dios, se obnubila al mismo tiempo la dignidad de la persona humana. Por tanto no se puede promover la exclusión de Dios ni la profanación de su nombre: ni fundamentalismo intolerante ni laicismo disolvente. La aconfesionalidad significa que el Estado no profesa ninguna confesión religiosa para que todos se puedan sentir igualmente libres e igualmente respetados, garantizando una sociedad plural en lo religioso. El Estado es aconfesional, y los ciudadanos seremos lo que creamos conveniente.

En este contexto social y político quiere vivir la Iglesia contribuyendo mediante su específica misión pastoral al bien común de todo nuestro pueblo. La parte esencial de esta misión la constituye nuestra tarea evangelizadora, que encuentra en el vigente Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española un instrumento para avanzar en sus objetivos.

Por último, recordar la convocatoria del Papa Francisco para realizar una colecta en beneficio de Ucrania, que se celebrará en todas las Iglesia católicas de Europa el próximo domingo, 24 de abril. Para ello se ha puesto en marcha una campaña conjunta con este fin, con el lema «Con el papa por Ucrania». En ella participan CONFER, Cáritas, Manos Unidas y Ayuda a la Iglesia Necesitada. Como gesto de nuestra Conferencia Episcopal para esta campaña «Con el papa para Ucrania» se destinará una ayuda extraordinaria de 300.000 euros. Unamos a esta campaña propuesta por el papa Francisco en aporte más valioso por nuestra parte: la oración confiada a Dios.

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