No miréis a China para un ejemplo de la enseñanza social católica, por Philip Booth

El obispo Marcelo [Sánchez] Sorondo es Canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, así que deberíamos sentarnos y prestar atención cuando dice: “En este momento, los que mejor están implementando la doctrina social de la Iglesia son los chinos”

Hay que decir que esto es un comentario desconcertante. Es especialmente desconcertante en que haya argumentado que una de las atracciones del enfoque chino es que la economía no domina la política -no como en EEUU. Pero el Obispo mismo eleva los asuntos económicos sobre otros aspectos del orden social y político que son seguramente mucho más importantes.

La enseñanza social católica exige libertad de conciencia, libertad de asociación y la protección de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Estos no son extras opcionales ni son partes de la enseñanza moral de la Iglesia fuera de la enseñanza social. Estos aspectos de la enseñanza social de la Iglesia son fundamentales porque tienen un impacto en la educación, salud y toda la estructura de la sociedad política y civil, así como en las relaciones económicas y sociales.

Hay que decir que China no califica muy bien en estas áreas. El reporte de Ayuda a la Iglesia Necesitada comienza: “Nuevas regulaciones guían a más iglesias destruidas y cruces derribadas. Amenaza de legislación más restrictiva. Vigilancia ha crecido. Las Iglesias en casa bajo presión creciente de conformarse o disolverse.” El nivel de persecución es descrito como “extremo” y la situación “empeorando” Si las estructuras políticas no están facilitando la libertad de conciencia y la libertad de culto, todavía menos la libertad en decisiones educativas de los padres, el gobierno le ha dado la espalda totalmente a la enseñanza social católica.

De hecho, no hay ningún sentido en el que una cultura de sociedad civil en China sea fomentada. Además, lo que el papa Juan Pablo II describió como la “cultura de la muerte” es más obvio que los signos de valores religiosos que informan la toma de decisiones políticas. Aunque se haya relajado la política del hijo único, todavía hay límites en el número de embarazos y una significativa intervención del Estado en todo el proceso de crianza. Las consecuencias de la política anterior del hijo único, con el asesinato masivo de niños en el vientre simplemente porque eran mujeres, será sentida por las décadas a venir mientras la población envejece.

El hecho es que el gobierno en China exige lealtad al Estado en vez de crear las condiciones en las que todos pueden alcanzar plenitud (incluyendo en su relación con Dios), como lo demanda la Iglesia. Cuando se trata de la enseñanza social católica, falla a la primera.

Irónicamente, dado los comentarios de [Sánchez] Sorondo, está en la materia de economía lo que el gobierno lo ha hecho mejor. China ha cambiado de ser un país donde millones morían de hambre y millones más estaban desnutridos a una economía más liberal en la que la prosperidad es posible para más personas. Como normalmente ocurre cuanto los países se vuelven más prósperos, los indicadores del ambiente también ahora han comenzado a mejorar. Hay más para el relato que esto y el Estado está siempre en el trasfondo, si no en el frente de la vida económica, pero estos desarrollos desde 1978 son para ser bienvenidos. Es, verdad, el liberalismo que [Sánchez] Sorondo desacredita el que ha guiado a las mejores tanto en lo económico como el ambiental. El obispo [Sánchez] Sorondo comentó: “lo que la gente no sabe es que el principio central chino es trabajo, trabajo, trabajo. No hay de otra, en el fondo es como decía San Pablo: el que no trabaje, que no coma.” Justo, pero es la liberalización de la economía que ha permitido comer más a aquellos que trabajan.

Como hemos señalado, al obispo le gustaría que la economía no dominara la política. Ciertamente, deberíamos estar alertas de los intereses personales que usan el sistema político para su propio beneficio. Pero el sistema político tampoco debe dominar la economía, y mucho menos estar enlazado con ella. Desafortunadamente, este es el camino de la mayoría de los países sudamericanos ([Sánchez] Sorondo es argentino) y de China. No es sorpresivo dado este trasfondo, que China languidece en índices de transparencia y corrupción aproximadamente en la misma posición que los países de Sudamérica y todos ellos juntos en una peor posición que EEUU. Si China fuera un equipo de fútbol, estaría en la mitad de debajo de la división de debajo de la liga anticorrupción: EEUU estaría en primera división.

El problema con el obispo [Sánchez] Sorondo es que él parece tener una visión bastante reduccionista de la enseñanza social católica. Todo se reduce al cambio climático y [Sánchez] Sorondo está alabando las acciones de China en ese aspecto. Como sea, otro principio de la enseñanza social católica es que las acciones hablan más fuerte que las palabras (aunque las palabras son importantes también). [Sánchez] Sorondo regaña a los EEUU por no sumarse a los tratados climáticos. Tal vez, pero mientras que China ha incrementado las emisiones de carbón, ellos han reducido a 20 por ciento per capita en EEUU entre 2005 y 2017, aunque habría que decir que las emisiones podrían bien estar cayendo en China en este momento.

[Sánchez] Sorondo parece influenciado por aquello que  China dice que hará en relación a un solo ámbito de actuación. Esto no me sorprende. Cuando hablé en una conferencia con él en diciembre de 2015, él no arrojaría oposición alguna a su fuerte soporte y colaboración a Jeffrey Sachs, y pareció estar reacio de establecer cualquier debate intelectual sobre problemas relacionados con el ambiente.

Es una lástima tener que decir esto, pero cualquiera sea la hebra de la doctrina social cristiana en la que el gobierno chino esté modelando, no sería reconocible para Sto. Tomás de Aquino, León XIII o Juan Pablo II.

De hecho, dado el énfasis que el papa Francisco pone en los problemas de vida y en la corrupción en el gobierno, no estoy muy seguro de que sea reconocible para su jefe.

Publicado originalmente por el Catholic Herald el 7/02/2018.

Traducido por Pablo Tomás Patrito para InfoCatólica

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